
El St. Regis Florence, la cumbre del lujo y del arte. Nunca un hotel pudo representar de manera tan fiel la ciudad en la que se encuentra, capaz de ocasionar vértigos al menos impresionable.
UNA HISTORIA DE LA NOBLEZA
Este lujoso hotel de cinco estrellas no siempre vivió bajo el nombre de St. Regis, pero sí ha sido un lugar de renombre desde tiempos inmemorables. Para saber cuándo empezó a escribir su historia, hay que remontarse a 1432, cuando fue diseñado por el arquitecto Filippo Brunelleschi –el mismo que diseñó la famosa cúpula del Duomo de Florencia–. El edificio nació como la casa de la noble familia Giuntini.
No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando, a la vez que Florencia vivía una reforma arquitectónica, el famoso palacio se convirtió en hotel, concretamente, en el Grand Hotel de la Paix, uno de los primeros hoteles de lujo de la ciudad. De hecho, no tardó en convertirse en una de las estancias preferidas de la reina Victoria o de importantes figuras como Leland Stanford, el fundador de la prestigiosa universidad homónima, así como de reconocidos escritores y otros artistas.
En octubre de 2011, tras una renovación de diez meses, el St. Regis Florence abrió sus puertas con la misión de continuar un importante legado que le ha permitido seguir escribiendo la historia del que hoy es uno de los monumentos arquitectónicos e históricos más importantes de la ciudad. El hotel ha emprendido un nuevo camino, pero con la maestría de saber preservar y presumir la herencia artística que nació entre sus pasillos.
UNA UBICACIÓN A LA ALTURA

Cuando llegas a la Piazza Ognissanti, el St. Regis Florence te da la bienvenida como solo las estrellas saben hacerlo: con esa discreción del que sabe que lo mejor aún está por llegar. Desde fuera, pudiendo incluso asomarte al río Arno, ya se pueden imaginar las privilegiadas vistas que se enmarcarán en las ventanas de las habitaciones.
Y, aunque debes saber que el Ponte Vecchio y el centro de la ciudad están tan solo a diez minutos andando, también es importante que mires a tu alrededor antes de poner rumbo a la zona más turística. En la misma plaza se encuentra la Iglesia de Ognissanti, un famoso templo que conserva frescos de Botticelli. Además, en ocasiones, también en la plaza, se monta un mercadillo con puestos artesanales en el que hacerte con el souvenir perfecto.LAS HABITACIONES

A pesar de que su ubicación demuestre que el St. Regis Florence es una parada imprescindible –y prácticamente inevitable en la ciudad–, una vez atraviesas las puertas de sus habitaciones, es fácil adivinar que, aunque parezca imposible, las mejores vistas son las que esperan dentro. Aquellas que decoran la mirada con sus frescos, su artesanía local, las lámparas de araña, los dorados en cada esquina y toda ornamentación que demuestre que el ‘menos es más’ se escribió para otros destinos, pero no para Florencia.

Cada una de las estancias dispone de una placa de pan de oro tallada a mano individualmente que representa uno de los tres temas decorativos y cromáticos que las recorren: Medici, Florentino y Renacimiento. De hecho, no hace falta acudir a los libros de historia para saber que realmente, ese Renacimiento se creó entre las paredes de sus 80 habitaciones y 19 suites y que el arte es su huésped permanente. Tanto es así que cada una de ellas recibe el nombre de familias de poetas, nobles o pintores, como si dormir con Miguel Ángel casi fuese una opción.

Es fácil dejarse atrapar por las pinturas que decoran sus paredes, las cortinas estampadas, los candelabros de cristal y cualquier elemento que ayude a sostener esa opulencia que no para de recordarte que estás en Italia. Por no hablar de sus suites, de las columnas de madera decoradas a mano en la Suite Real, o la terraza con vistas al Ponte Vecchio en la Suite Presidencial. Incluso cuentan con la prestigiosa Suite Bottega Veneta, diseñada por el director creativo Tomas Maier y abrazada a un lujo más discreto y minimalista –que ningún gusto se quede fuera de este hotel–.
COMER, BEBER Y MÁS

Es difícil saber por dónde empezar cuando se trata de comer en el St. Regis Florence y el responsable de esa indecisión es su chef ejecutivo Gentian Shehi. Él es el encargado de servirte la Toscana en plato, pero respetando, no solo sus tradiciones, sino su estacionalidad. Los recuerdos de su infancia, la cocina mediterránea y su creatividad se cuecen a fuego lento hasta conseguir un menú que reúne los mejores sabores de la región.
En este caso, vamos a empezar por el final: la cena en Winter Garden. Este restaurante te recibe con su imponente lámpara y su techo acristalado, majestuosos arcos que rodean el salón y una música a piano que acompaña lo que está a punto de convertirse en una cena inolvidable. El ambiente se completa con lo más importante, la comida –y sí, los amantes de la pasta podrán deleitarse con platos que harán cambiar para siempre su percepción de la cocina italiana–.

Por las mesas, empezarán a desfilar recetas como los Paccheri con bogavante y lima, los Spaghetti con salsa casera de tomates Cherry y albahaca o los Tagliatelle verdes hechos con espinacas, acompañados de ragú de ternera y fondue de queso parmiggiano. Pero no todo va a ser pasta en la velada –ojalá que sí–, las opciones también se pasean por platos como las berenjenas a la parmesana, el trío de arancine (ragú de ternera y azafrán, tomate y mozzarella y ragú de sepia), o el filete de lubina la mugnaia. Y para coronarse, es necesario guardar hueco para alguno, como el famoso cannolo siciliano.
Que hayamos empezado por el final, no significa que el principio sea menos asombroso. No lo puede ser cuando se trata de desayunar en la Balconata. Por la mañana, es el momento de mirar el impresionante salón de la cena desde arriba, coronados igualmente por esas encantadoras vidrieras, pero esta vez en un impresionante espacio que rodea a modo de balcón el Winter Garden.

Aquí no falta todo lo que esperas de un desayuno de hotel (fruta, zumos, cereales o embutidos), pero sí se completa con algunos símbolos italianos. El país se sirve a lo largo de sus mesas en forma de quesos, jamón de Parma, huevos florentinos (pan tostado, huevos escalfados y espinacas y salsa Mornay), pappa al pomodoro, polenta con champiñones y otras delicias que se reúnen en el denominado ‘rincón toscano del chef’.

El hotel, además, puede presumir de compartir esa calidad gastronómica con la carta de bebidas. El Winter Garden Bar –la otra cara del restaurante durante el día– es el lugar perfecto para cualquier café, aperitivo o cóctel –ha llegado el momento del famoso Aperol–, y es aquí donde seguir la tradición de la marca St. Regis: pedir su icónico Bloody Mary, con una receta distinta según la ciudad. Para Florencia, han decidido crearlo a partir de Grappa di Brunello, vodka y miel de acacia y romero. Aquí también es donde se celebra el ritual del sableado, originario del siglo XIX y ya famoso en el hotel: consiste en abrir una botella de champán con un elegante sable y ocurre cada tarde de 19h a 20h.

Pero hay más, en el St. Regis Florence siempre hay más, y es que ahora también cuentan con el encantador Café Ginori, una oda a la Dolce Vita en la que comer y beber en un auténtico viaje gastronómico por Italia. A los platos del chef anteriormente mencionados y a los famosos cócteles del hotel, aquí también se une una de sus experiencias más especiales: el ritual del té. Capitaneado por la Tea Sommelier Elena Matei, se preparan mezclas artesanales que siguen el Viaje de Dante, inspirado en la Divina Comedia, servidas en la porcelana Ginori 1735, un homenaje a la elegancia.
MÁS QUE UN EQUIPO
Un hotel puede ser lujoso, puede tener un interiorismo espectacular, una historia que quita el sueño y una gastronomía que abre el apetito a cualquiera, pero lo que realmente hace volver siempre a sus huéspedes son las personas que trabajan en él y, si el St. Regis Florence te hace sentir parte de la nobleza, su equipo consigue convertirte en un auténtico rey.
La sonrisa que te recibe en la recepción es solo la bienvenida, pero la hospitalidad te acompaña hasta la habitación. El equipo de guest experience se convierte en confidente y, sobre todo, en los mejores guías de la ciudad. Tendrás a tu disposición una lista de cosas que hacer en Florencia, como echarte un selfie frente al Duomo o perderte en la Piazza della Signoria, incluso podrán facilitarte un mapa en el que se encuentran las mejores buchettas del vino, unas antiguas pequeñas ventanas repartidas por la ciudad, típicas de la Toscana, en las que pedir tu copa de prosecco de una manera muy peculiar.
La amabilidad y recomendaciones se extienden también a su restaurante, donde desde el jefe de sala hasta los camareros se encargarán, no solo de que comas lo más característico, sino también de sacarte alguna risa que hará que quieras alargar la velada casi sin darte cuenta. Eso sí, esa familiaridad hará que el adiós sea mucho más triste que de costumbre.