Image default
Destino

Qué ver en Lisboa…

Hay tanto que ver en Lisboa que no es fácil conocer la ciudad entera en solo un fin de semana. Sus callejuelas históricas, tranvías de madera clásicos, el río reluciendo bajo la luz del sol y las fachadas cubiertas de coloridos azulejos siguen ahí como siempre, pero la ciudad sigue evolucionando. Cada vez hay más espacios interesantes que merece la pena conocer: han ido llegando chefs de todo el mundo y abriendo algunos de los mejores restaurantes de Lisboa, generando una escena gastronómica que ha obligado a muchos excelentes restaurantes locales a subir el nivel aún más. Varios mixólogos y baristas portugueses jóvenes están volviendo de sus estancias en Londres, París y Nueva York y han empezado a abrir bares y cafeterías que fusionan lo mejor de lo local y de lo internacional. Tampoco faltan diseñadores de moda emergentes, ni artistas y artesanos de todo tipo, desde ceramistas hasta ebanistas, que exponen y venden sus obras en nuevas tiendas y galerías que ponen en valor el talento local.

Por supuesto, hay que hacer hueco entre la comida y las copas para pasear por Lisboa y disfrutar de sus vistas, desde la Torre de Belém hasta el Castelo de São Jorge. Pero verás en tu próxima visita que hay mucho más que ver y que hacer en esta maravillosa y colorida ciudad que nunca. Te contamos qué ver en Lisboa y las mejores experiencias de las que disfrutar.

Pasear por la ciudad

Uno de los imprescindibles en una visita a Lisboa es el paseo por los barrios históricos de Alfama y Mouraria, que se extienden por la ladera de la colina junto al castillo. En sus callejuelas empedradas y sinuosas flanqueadas por preciosos palacios con fachadas de azulejo aparecen de vez en cuando encantadoras placitas en las que descansar a la sombra de los aromáticos naranjos. Frente a sus animados bares verás de vez en cuando sardinas haciéndose a la brasa. No te preocupes por seguir una ruta: atrévete a perderte por la ciudad y fíate de donde te lleven tus pasos, seguro que encuentras un rincón precioso con vistas increíbles de la ciudad donde menos te lo esperabas. Por la tarde, acércate a la Casa de Fados, en Mouraria. Aunque en el siglo XIX fue la casa de la cantante Maria Severa, ahora es uno de los mejores lugares de la ciudad en los que deleitarse con la intensa melodía del fado.

Conocer Sintra

Una hora en tren basta para llegar desde Lisboa hasta Sintra, una encantadora villa junto a la sierra de Sintra. Quienes nunca hayan estado se sorprenderán con los coloridos palacios y callejuelas secretas de este Patrimonio Mundial de la Unesco. Allí se encuentran el Palácio da Vila, con sus dos características chimeneas cónicas, y el Palácio da Pena, con sus coloridas fachadas y su mezcla de estilos arquitectónicos. Por supuesto, no te puedes perder la Quinta da Regaleira, donde podrás disfrutar de espectaculares estructuras entre lujosos jardines llenos de lagos y enigmáticas grutas. Eso sí, tendrás que ir temprano si quieres evitar las multitudes, porque todas las vistas más emblemáticas se llenan de visitantes muy rápidamente.

Escuchar fado

En una visita a esta ciudad no puede faltar la música. El fado es un género musical que se cree tiene su origen en los barrios más humildes de Lisboa en el siglo XIX (aunque probablemente sea incluso anterior), y sus melancólicas notas están íntimamente ligadas a la ciudad y a sus gentes. Si paseas por el casco antiguo de Alfama seguramente la oigas por casualidad, desde la puerta de un bar o un restaurante o incluso desde alguna casa. Pero si te apetece ir a escucharlo a caso hecho, pásate por Clube de Fado.

Subirte al tranvía 28

Lisboa es inseparable de sus tranvías. Las cinco rutas que componen la red, por las que circulan modelos más clásicos y más modernos, conectan puntos importantes de la ciudad, pero hay una con especial interés turístico. La línea 28, que se estableció en 1914 para conectar los barrios de Baixa de Lisboa con otros como Graça o Estrela, no solo es la más famosa, sino que ofrece las mejores vistas de la ciudad y de sus encantadores barrios para quienes la visiten por primera vez. Por no hablar de la experiencia de montar en un vehículo tan antiguo e imaginar cómo debía ser recorrer esas mismas calles hace más de cien años. Como los tranvías no son demasiado grandes, suele haber cola para subirse en ellos, así que intenta salir temprano para ahorrártela.

Comprar cerámica portuguesa

Las fachadas de azulejo de Lisboa se han ganado cierta fama en Instagram, pero la historia de la cerámica en la ciudad va mucho más allá de esta estética tan característica. Portugal, al ser una tierra rica en arcilla, lleva siglos produciendo cerámica artesanal, y es un elemento cultural importante, tanto que muchos de los artistas dedicados a su fabricación tienen fama mundial. Si quieres llevarte a casa un ejemplo de esta tradición, pásate por Cerâmicas na Linha, en Chiado. Encontrarás platos, cuencos, tazas y todo tipo de elementos decorativos que podrás comprar al peso.

Probar el pastel de nata

Uno de los imprescindibles de Lisboa es el pastel de nata, un hojaldre relleno de una crema elaborada con leche, limón, canela, azúcar y huevo. Este adictivo dulce portugués es tan popular que muchos viajeros tienen la fábrica original de Pastéis de Belém marcada en el itinerario. Aunque entendemos los motivos, también nos encantan los que se sirven en CASTRO, un nuevo obrador que ha abierto en el centro. Si quieres probar algo más vanguardista, acércate a Bairro Alto Hotel, uno de los mejores alojamientos de Lisboa. Además del restaurante de la quinta planta, BAHR, en el que se sirven platos ejemplares con espectaculares vistas al río y los tejados de la ciudad, el hotel cuenta con un obrador propio, que ofrece versiones tan originales como deliciosas de dulces tradicionales.

Visitar el Castelo de São Jorge

Es imposible no ver el imponente castillo que domina el paisaje de Lisboa: sobre una colina, destaca por encima de todo el resto de la ciudad y se ve desde casi cualquier ángulo. Construido originalmente por los romanos en el año 200 a. C., la estructura pasó por una importante reforma en 1940. Ahora es, posiblemente, uno de los reclamos turísticos más importantes de toda la ciudad y, por supuesto, esto significa que siempre hay gente. Recomendamos ir a verlo por la mañana o a última hora de la tarde y comprar las entradas online para ahorrarse la cola.

Incluso con las multitudes, sobran motivos para visitar este emblemático monumento. La sensación de ver Lisboa desde las alturas y contemplar sus característicos tejados y, más allá, el Tajo, es incomparable. Si es tu primera visita a la ciudad, te recomendamos reservar tiempo para conocerlo en persona.

Disfrutar del ambiente de LX Factory

El complejo industrial que en su día fue la fábrica de textiles de Lisboa ahora es una de las zonas más cool en las que pasar el rato de toda la ciudad. Sigue teniendo cierto aire a nave de almacenaje, pero ahora en su interior se encuentran tiendas y boutiques independientes, restaurantes, bares y mucho más, con lo que es el lugar ideal en el que echar la tarde en un ambiente animado. Si te da tiempo, pásate por el rooftop bar a tomarte una caipirinha al sol.

Salir a comer

Se podría decir que Lisboa es una de las capitales más foodies del mundo, y hay opciones para todos los gustos. Desde las diminutas tascas portuguesas típicas en las que se sirven sabrosos buñuelos de bacalao hasta los restaurantes de estrella Michelin que trabajan con los mejores ingredientes de proximidad, hay todo tipo de locales que merece la pena conocer. Los chefs jóvenes, apasionados y con ganas de revolucionar la escena compiten incluso con los de Londres y Nueva York, y no te puedes marchar de Lisboa sin conocer sus imaginativas propuestas. Te recomendamos O Velho Eurico, Canalha y Belcanto.

Subir al mirador del Panteão Nacional

El panteón nacional de Portugal, muy reconocible por sus cúpulas blancas, se encuentra en Alfama. Se puede acceder al interior y subir hasta su mirador, desde donde se disfrutan de unas vistas perfectas de su diseño simétrico. La vista de la ciudad y del Tajo desde las alturas también merece la pena.

Ir de compras

En Lisboa no faltan creadores y diseñadores locales cuyos artículos te encantará ver en tu paseo por la ciudad. The Feeting Room es una tienda de marcas independientes que destaca los productos de jóvenes diseñadores portugueses. Encontrarás calzado, ropa y accesorios, entre ellos las coloridas carteras y mochilas de cuero vegano de la marca local emergente We the Knot.

En la tienda de artículos de diseño +351 podrás encontrar las camisetas y sudaderas en tonos discretos creadas por la surfera profesional Ana Costa y ropa de inspiración atlántica de la marca local La Paz. La marca de gafas Fora ofrece una gran variedad de monturas y gafas de sol diseñadas en Lisboa y fabricadas a mano en el norte de Portugal. Los amantes de la moda vintage querrán acercarse al mercadillo Feira da Ladra, que se monta todos los martes y sábados, a rebuscar entre su variada oferta de artesanía y diseño, objetos de colección y ropa de segunda mano.

Ver el atardecer desde un rooftop bar

Las vistas desde cualquier rooftop bar del centro de Lisboa pueden ser todo un espectáculo: se ven las almenas del castillo al otro lado de la colina, el río y el diseño ondulado del suelo de la plaza del Rossio entre los característicos tejados rojos. Si quieres tomarte algo en un ambiente relajado mientras se pone el sol, pásate por Park, una terraza en la azotea de un garaje. Para algo más chic y formal, en lo alto del hotel The Lumiares está el bar y restaurante Lumi Rooftop, y sus vistas de Lisboa desde las alturas merecen la pena. Las sesiones calmadas de los DJ, las copas y las cartas de platos para compartir son la combinación perfecta para disfrutar de una tarde relajada.

Conocer la Torre de Belém

Por si los pastéis de nata no fueran motivo suficiente para visitar Belém, esta torre, construida entre 1515 y 1521, también es una de las visitas imprescindibles en Lisboa. Se diseñó como puerta a la ciudad a la vez que, como defensa contra posibles ataques desde el Tajo, y ahora se puede visitar el fuerte para disfrutar de la arquitectura de cerca. Si te quedas unos días en Lisboa, alquila una bici y date un paseo por el río hasta llegar a la torre.

Buscar las mejores vistas desde los miradouros

Ya hemos comentado que los rooftop bars son ideales para disfrutar de las vistas, pero no hace falta gastar dinero para contemplar Lisboa desde las alturas. Los miradouros, repartidos por toda la ciudad, son de los lugares favoritos de los lisboetas para ver atardecer. El Miradouro das Portas do Sol es el más popular en redes por sus buganvillas, increíbles vistas al mar y el túnel con la historia de Lisboa en formato cómic pintada en las paredes que tiene justo debajo. Pero si buscas algo más apacible, te recomendamos el Miradouro da Graça. Llévate algo de beber y de picar y disfruta de las vistas y del ambiente animado que se suele formar.

Conocer los museos

El Museu de Arte, Arquitetura e Tecnologia, el Museu Nacional do Azulejo, el Museu do Fado… la lista de museos en Lisboa parece no terminar nunca. Si no vas a pasar mucho tiempo en Lisboa y necesitas priorizar, te recomendamos el Museo Nacional de Arte Antiguo, donde podrás ver cuadros, esculturas, muebles, cerámicas, textiles y orfebrería que capturan la apasionante historia de Portugal desde la Edad Media hasta el siglo XIX.

Visitar el monasterio de los Jerónimos

Aunque la mayoría de visitas que recibe Belém son por los pastéis de nata y la torre, aún hay más por ver en esta zona, que queda a unos minutos en tren del centro. El monasterio de los Jerónimos, un imponente y hermosísimo ejemplo de arquitectura gótica diseñado por el arquitecto portugués Diogo de Boitaca para conmemorar el regreso de Vasco da Gama de India, se empezó a construir en 1501. Se decidió que los monjes de la Orden de San Jerónimo ocuparan el monasterio, pero este no se terminaría hasta un siglo más tarde (cabe mencionar que la receta de los pastéis de Belém se atribuye a esta orden monacal). Ahora, el impresionante espacio está abierto al público y merece la pena acercarse a conocerlo.

Pasear por el parque de Monsanto

Este enorme espacio verde al oeste de Lisboa no solo es ideal para pasear, sino que también tiene excelentes vistas de la ciudad. Hay varias rutas que seguir, y se pueden elegir según distancia y dificultad, pero todas son preciosas y ofrecen un descanso de las multitudes del centro que muchos viajeros agradecerán.

Ir a un tour gastronómico

Por si no había quedado claro aún, Lisboa es un destino ideal para amantes de la buena comida. Tanto es así que puede ser difícil encajar todas las interesantísimas opciones en un solo viaje o incluso decantarse por unas pocas. Los tours de Culinary Backstreets te permitirán degustar lo más interesante de Lisboa a la vez que descubres los platos típicos y tradiciones gastronómicas de la ciudad, todo ello en una tarde. Prueba las sardinas en una callejuela escondida del casco antiguo, atrévete con el picante de las salsas piri-piri caseras y tómate un chupito de ginjinha, el omnipresente licor de guindas.

Conocer el Palácio Nacional de Mafra

A unos 45 minutos en auto de Lisboa se encuentra el Palácio Nacional de Mafra. Si tienes tiempo para dedicar un día a esta excursión, sobre todo si te gustan la historia y la arquitectura, no te puedes perder este magnífico edificio, que en su día fue la residencia de verano de la familia real. En sus cuatro hectáreas hay 1.200 habitaciones, un hospital del siglo XVIII, esculturas italianas, cuadros de pintores italianos y portugueses y una impresionante biblioteca com tomos de los siglos XVI, XVII y XVIII, muchos de ellos muy poco comunes. Hay tanto que explorar que se puede echar casi el día entero aquí. Cuando termines de verlo todo, antes de volver a Lisboa, pásate por Mafra, donde podrás parar a comer en cualquiera de las tascas típicas, que sirven platos típicos portugueses.

Pasear en un barco por el Tajo al atardecer

Con sus aguas azules y el gran puente que lo cruza, este tramo del Tajo es sin duda uno de los elementos más fotografiados de Lisboa. Aunque nos encante admirarlo desde tierra firme, para redondear la experiencia no hay nada como recorrerlo en barco al atardecer. Te aseguramos que te llevarás recuerdos inolvidables.

Se pueden reservar cruceros, excursiones en catamarán e incluso fiestas en barcos en muchos sitios, entre ellos Airbnb. Además, en los últimos años se han avistado delfines salvajes en el Tajo: si tienes muchísima suerte, quizá puedas verlos nadar en libertad sin alejarte mucho de Lisboa.

Ir a una cata de vinos

Ya que Portugal es el país con el mayor consumo de vino per cápita a nivel mundial, qué menos que aprovechar una visita a Lisboa para conocer de primera mano el porqué de esta popularidad.

Aunque para llegar hasta un viñedo desde Lisboa hay que viajar bastante, hay opciones en la ciudad para quienes quieran conocer el sector vinícola del país más de cerca. En Nova Wine Bar, un imprescindible para amantes del vino, los viajeros podrán conocer las numerosas variedades de uva que se cultivan en el país. El dueño, Pedro, que trabajó en publicidad antes de descubrir su amor por los vinos, personaliza las recomendaciones a los gustos de su clientela: si no sabes muy bien qué quieres, seguramente te lo pueda descubrir. También marida los vinos espectacularmente con pequeños platos locales que te dejarán con ganas de más.

Y no podemos olvidarnos del oporto, por supuesto. Aunque Oporto sea el lugar de origen de este vino dulce, está muy presente por todo Portugal, y una cata es la forma perfecta de descubrir sus variedades. Aprende a distinguir un ruby de un tawny, prueba el oporto blanco y el más reciente rosado en lugares como Taylor’s Port Wine Shop & Tasting Room, junto al río, o Portologia Lisboa, más pequeño e íntimo. Te avisamos: vas a querer llevarte una botella o dos a casa.

Pasear por el parque Eduardo VII

Sabemos que nos repetimos con lo espectacular que es Lisboa desde las alturas, pero es que cada ángulo tiene su magia, y el que se contempla desde el Parque Eduardo VII tiene un encanto único. Desde el punto más alto del parque se ve la Avenida da Liberdade y, más allá, el Tajo, y lo mejor de todo es que esta zona de la ciudad es sorprendentemente tranquila. Si te cansas de pasear, del ruido y de las multitudes, tendrás bastante con lo que entretenerte en el parque: La Estufa Fría, el jardín botánico, se encuentra aquí, al igual que el jardín Amalia Rodrigues, un espacio verde dedicado a la histórica artista de fado. Seguramente a esas alturas de la visita necesites tomarte algo para reponer fuerzas, así que pásate por Praia no Parque a comer algo en la ubicación más pintoresca que puedas imaginar.

Conocer la historia de Lisboa

La gente que visita Lisboa por primera vez suele sorprenderse al conocer la historia del terremoto del día de Todos los Santos de 1755, en el que murieron unas 60.000 personas y quedaron arrasados miles de edificios. Quake, el museo dedicado al terremoto proporciona una experiencia interactiva que explica los eventos que condujeron al desastre y explora las sensaciones que debieron vivir las personas afectadas y los efectos que tuvo el desastre en la arquitectura y planificación urbana de la ciudad. Las simulaciones, la predicción de cómo podrían ser los seísmos futuros en la zona y la explicación de cómo prepararse son muy informativas, y el museo queda muy cerca de varios puntos que ya hemos mencionado de Belém, así que puedes aprovechar y ver varios de estos lugares en un día.

Subir en el Elevador de Santa Justa

El Elevador de Santa Justa suele ocupar puestos altos en las listas de pendientes de quienes viajan a Lisboa, lo que viene a confirmar lo que decíamos de que cada vista desde las alturas tiene su propio encanto. Y es que ¿quién no querría disfrutar del característico horizonte desde esta estructura neogótica del siglo XIX? Construido en 1902 como sistema de transporte público para llegar más fácilmente a las partes altas de la ciudad, causó tal sensación que, en el día de su inauguración, se vendieron 3.000 billetes. Y tampoco ha cambiado mucho: hoy, suele haber colas importantes para subir, y conviene ir temprano para evitarlas.

Si no te apetece esperar, tenemos un truco para ti: pásate por el Convento do Carmo, gira a la derecha en Travessa Dom Pedro de Menezes, sube por las escaleras y cruza el puente que conecta con la estructura del ascensor. Las vistas son parecidas, aunque te perderás la parte histórica.

Publicaciones relacionadas

Persépolis, entre las ruinas de la fascinante capital del Imperio persa

Nexos

Vuelven los trenes turísticos de España

Nexos

Sube el precio de la entrada al Taj Mahal

Nexos